AYALA GARCÍA-DUARTE, Francisco

  Novelista, Catedrático de Derecho Político, sociólogo, ensayista y crítico literario, nació en Granada el 16 de marzo de 1906, y tras aprender las primeras letras e iniciar el Bachillerato en su ciudad natal, en 1922 se traslada con su familia a Madrid, concluyendo sus estudios de Enseñanza Media al año siguiente en el Instituto de San Isidro. En 1923 inicia en la Universidad Central las carreras de Filosofía y Letras y Derecho, entrando en contacto con el círculo de Ortega, en cuya Revista de Occidente publicará varios artículos de Sociología y Crítica Literaria (ya por entonces era autor de un par de novelas), y en 1929, tras de obtener la licenciatura en Derecho, marcha becado a Alemania para ampliar estudios en la Universidad de Berlín, donde conoce a Etelvina Silva, de nacionalidad chilena, con la que muy pronto contrae matrimonio. En 1931 regresa a Madrid, en cuya Universidad obtiene poco después el doctorado y consigue un puesto de Profesor Auxiliar en la misma, al tiempo que prepara la oposición de cátedra de Derecho Político, que obtiene en 1934, y otra de Letrado de las Cortes, que conseguiría poco antes de estallar la guerra civil. En la primavera de 1936 se traslada para dar un ciclo de conferencias a América del Sur, donde le sorprende el comienzo de la contienda, y nuevamente en España permanece al servicio del Gobierno republicano, hasta 1939 en que se exilia a la Argentina, donde fija por algún tiempo su residencia como Profesor de Sociología en la Universidad del Litoral, colaborando en las revistas Sur y La Nación. Entre 1950 y 1956 reside en Puerto Rico como profesor de Sociología en la Universidad de Río Piedras y funda la revista La Torre, y en este último año se traslada definitivamente a Estados Unidos, donde ha sido Profesor de Literatura española e hispanoamericana en el Bryn Mawr College y en las Universidades de New Brum Wick, de New York y de Chicago, siendo desde entonces muy frecuentes sus estancias en España para dictar diversos cursos y conferencias. En 1971 recibe el «Premio de la Crítica Española», y en 1977 la North-Western University le otorgó el título de «Doctor en Literatura».

  La extensa y polifacética producción literaria de Ayala, que revela al escritor de casta que hay en él, no ha conseguido difuminar, como ocurre en tantos otros casos, los perfiles netos y firmes de su bien meditada concepción del hombre, de la vida y de la historia, que afloran, antes bien, precisos y claros a través de los diversos géneros literarios que ha venido cultivando: la novela, el tratado científico, el artículo más o menos ocasional. Intelectual de fina sensibilidad, que ha vivido con intensidad los avatares sociales e históricos de la guerra civil española primero, y de la conflagración mundial después, centra su preocupación científica en torno a la crisis del mundo occidental, contemplada desde una perspectiva sociológica por considerar a esta disciplina como surgida de la crisis misma y llamada a explorar sus posibles soluciones. «El rasgo típico de la crisis actual -afirma nuestro autor- es el de ser la crisis de un mundo que, orientado hacia la expansión política, ha alcanzado el límite natural de esa expansión por la conquista del planeta, cayendo así en contradicción forzosa con los principios que lo venían animando en cuanto tal mundo políticamente organizado para la conquista» (Tratado de Sociología, p. 20). Ahora bien, una vez descritas las características de la crisis procede inexorable a la búsqueda y determinación de su naturaleza, que explica «como una situación de discordancia entre el ritmo del acontecer histórico y el ritmo vital-natural de la especie humana» (Id. p. XIX). Y aclara más adelante: «En épocas normales el cambio social es, en conjunto, percibido por los sujetos individuales de la historia como función de su propia vida; hay otras épocas, las llamadas épocas críticas, en que los cambios se precipitan y el proceso histórico avanza con mutaciones calidoscópicas, atropellando las generales expectativas de la gente hasta hacer crecer en medida abrumadora el elemento sobrevenido, ajeno a la dirección de la propia voluntad y que, por ello, exige perentoria adaptación» (Id. p. 225).

  Sin embargo, los métodos sociológicos utilizados para la delimitación y análisis de la crisis en que nos hallamos inmersos e instrumentados a partir de ella misma y como procedimiento para su solución, quedan a la postre atrapados en su seno por la resistencia que el individuo, aislada y colectivamente considerado, ofrece a ser tratado como simple objeto de investigación científico-natural, por lo que se impone un retorno al ámbito político, dentro de cuyas más amplias estructuras pueda asimilarse el hecho social. Y en este sentido ofrece un gran interés el estudio que Ayala dedica al concepto de nación en varios ensayos de la obra Tecnología y libertad. La nación, en efecto, como colectivo etnológico dotado de unidad territorial y unidad política que ha mantenido su personalidad perfectamente definida a lo largo de los tiempos modernos, se halla en la actualidad sometida a un conjunto de peligrosas tensiones que amenazan sombríamente su futuro, pero que a la vez lo impulsa hacia un mañana esperanzador siempre que consiga diluir su entidad actual en unas estructuras de ámbito supraestatal acordes con las exigencias que el desarrollo tecnológico exige perentoriamente. «La estructura del Estado nacional -afirma- se ha hecho inadecuada por su tamaño para un mundo donde las condiciones tecnológicas han agrandado a dimensiones planetarias el espacio que necesitan abarcar las estructuras sociológicas fundamentales» (Tecnología y libertad, p. 115). Con todo, nuestro autor lamenta la ausencia de una construcción ideal que anticipara una imagen de futuro capaz de abrir un horizonte al mundo de hoy y que a lo largo de todas las grandes épocas de la historia siempre presidió el progreso de la cultura occidental desde sus orígenes.
  Esta carencia de futuro la atribuye Ayala, siguiendo a Ortega, a la masificación de nuestra sociedad, «una sociedad amorfa, atomizada, donde las multitudes humanas se encajan en cuadros artificiales, en formaciones mecánicas, que antes sugieren la palabra regimentada que la palabra organización para designar al orden de la convivencia social» (Introducción a las ciencias sociales, p. 233).
  Aún otras muchas cuestiones de la máxima relevancia en el mundo de hoy trata Ayala en sus escritos, y siempre con originalidad de perspectiva y gracia de estilo, como corolario de estas tesis fundamentales: El liberalismo, la confrontación capitalismo - marxismo como aspectos irreductibles de una sola y misma concepción del hombre, la económica, o el impacto de la eclosión tecnológica en la remodelación masificadora de la sociedad actual, son tal vez aquéllos a los que se ha dedicado con mayor asiduidad, dejando bien patente en la resolución de todos ellos la impronta del humanismo cristiano en el que insobornablemente milita.