CORRO, Antonio del
Oriundo de San Vicente de la Barquera (Santander), donde la familia tenía su casa solar, nació en Sevilla en 1527. Son muy escasos los datos que poseemos acerca de los primeros tiempos de su vida, pero era ya varios años monje jerónimo, en el monasterio de San Isidoro del Campo de Sevilla, cuando convertido con la mayor parte de los miembros de su comunidad al protestantismo, en 1557 hubo de huir con otros once monjes a Ginebra para sustraerse a las pesquisas de la Inquisición. Fue primeramente ministro de la Iglesia reformada en Aquitania, y en 1567 se hallaba en Amberes desde donde dirigió una carta a Felipe II explicándole el porqué de su partida y señalando las diferencias dogmáticas entre católicos y protestantes, el origen de las turbulencias de los Países Bajos y la tolerancia religiosa como posible solución para éstas. También es de estos años otra carta con la que intentó mediar en las discrepancias entre augustanos y calvinistas. Sin embargo, su estancia en los Países Bajos se vio perturbada por la intromisión de un enemigo personal suyo, Juan Cousin, que escribió al consistorio de Amberes acusándole de herejía, al tiempo que hacía pública una carta que años atrás había dirigido nuestro autor a Casiodoro de Reina y que contenía conceptos e interpretaciones teológicas muy atrevidos; y aún llegaron los efectos de esta asechanza a Inglaterra a donde se trasladó Corro en 1569, hallando al comienzo un ambiente sumamente hostil. pero que tras de algunas incidencias se trocó en favorable, sobre todo a partir de la exposición que hizo en la catedral de San Pablo de la epístola a los romanos y que poco después publicó en forma dialogada, obteniendo un resonante éxito y a su través una cátedra de teología en la Universidad de Oxford.
Tal vez el escrito suyo más destacable en este lugar sea la traducción y paráfrasis que en 1579 hizo del Eclesiastés y en el que al decir de M. Menéndez Pelayo, se muestra "hábil escriturario, docto en hebreo y griego, ameno escritor latino y razonable filósofo». (Historia de los heterodoxos españoles, Vol. II, p. 136.) La perífrasis es en realidad un tratado acerca del Sumo Bien y está dividida en dos partes dedicada la primera a probar que la felicidad no consiste ni en la ciencia mundana, ni en los placeres, ni en los honores y riquezas, para concluir en la segunda que sólo el temor a Dios, del que dimanan todas las virtudes, puede satisfacer plenamente. Más que un hereje, en el sentido tradicional del vocablo, Corro fue un librepensador de matiz religioso y un ardiente defensor de la tolerancia en el ámbito de la fe, tolerancia que impetraba incluso para los católicos; y en efecto. después de abandonar el catolicismo, pasó la mayor parte de su vida sin adherirse definitivamente a credo alguno y sólo en sus últimos años pareció acercarse a la Iglesia anglicana en cuyo seno murió. Su muerte acaeció en Londres en 1591.